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Existen ciertos comportamientos incluidos dentro de lo que se entiende por acoso sexual, que chicos y chicas no identifican como tal por el hecho de producirse en contextos de ocio nocturno, y más si hay consumo de drogas de por medio.

Eso es lo que dice el último informe del proyecto Noctambul@s de la Fundación Salud y Comunidad (FSC) y el Ministerio de Sanidad.

Coger de la cintura u otros tocamientos a una desconocida, insistir en besar a una chica o acorralarla o insultar a una mujer, no son percibidos como acoso sexual por la juventud en ambientes de ocio nocturno.

Con este estudio se pretende conocer las creencias, actitudes, motivaciones y comportamientos que se dan entre los y las jóvenes sobre el consumo de drogas, la sexualidad y las violencias sexuales. Para ello se han recogido más de 200 relatos de jóvenes entre 18 y 35 años y se han realizado actividades de ‘focus group’ en las que se proponen distintas situaciones y entrevistas en profundidad a líderes de opinión que conocen los ambientes de ocio nocturnos.

fiesta

La gran mayoría de estudios que investigan el uso y abuso de drogas tiene un sesgo y perspectiva androcéntrica; es decir, el punto de vista femenino ha estado tratado en menor profundidad con relación al consumo recreativo de sustancias en entornos de ocio nocturno y al posible vínculo que puede existir con los acosos y abusos sexuales que se pueden dar en los mismos.

Sin embargo, este estudio sitúa la perspectiva de género como el eje central del análisis.
En este sentido, en el informe se han detectado varios tipos de comportamientos propios del acoso sexual y se han dividido en un termómetro con cinco niveles:

  1. La cosificación de mujeres (publicidad, vestimenta de las camareras), los comentarios sexuales incómodos, los insultos y los tocamientos no consentidos.
  2. Los acorralamientos, creer que se tiene derecho sobre la mujer, el hecho de invitar a copas con el objetivo de conseguir fines sexuales e insistir frente a reiteradas negativas.
  3. Prácticas no consentidas dentro de relaciones sexuales sí consentidas.
  4. Agresiones a chicas que han consumido drogas y no controlan sus actos.
  5. La violación.


Según los resultados del informe, los comportamientos de los tres primeros niveles no están percibidos como acoso por los y las jóvenes, lo que es algo muy preocupante.

NoctambulosEl informe revela que las drogas despiertan el sexismo latente, tal como se aprecia en las distintas voces de alarma emergentes en distintos países sobre el aumento de mujeres agredidas sexualmente mediante el uso de sustancias.
En el caso del estado, se ha apreciado que la gran mayoría de casos de ‘sumisión química’ obedece a patrones oportunistas y no premeditados, es decir, hablamos de agresiones sexuales que se producen con una persona prácticamente inconsciente debido al consumo voluntario de sustancias. La droga que aparece en la mayoría de casos es el alcohol.

Se ha observado, también, que existe una tendencia a situar la responsabilidad de las agresiones sexuales en el consumo previo de sustancias, como si el detonante de la violencia fuera la sustancia, dejando completamente de lado la responsabilidad de los agresores y obviando el hecho de que la violencia sexual tiene sus raíces en el machismo, en la cultura sexual de la sociedad.
El consumo de drogas no es lo que lleva a un hombre a cometer una agresión sexual, porque si así fuera, todos los hombres que consumen, y las mujeres, que también consumen, agrederían sexualmente, y la realidad no es esa; pero atribuir la responsabilidad a las drogas es mucho más efectivo y contribuye a crear esa ficción de que si nadie consumiera no habría agresiones sexuales en fiestas.

El consumo de drogas se percibe como un agravante de la culpa de la víctima de violencia sexual, y no del agresor.
Como señalan desde el FSC, existen percepciones distintas según el género, ya que en el caso de acoso sexual a la mujer se le preguntan cosas como ‘¿ibas muy borracha? ¿seguro que no querías?’, y en cambio al hombre que acosa se le justifica con que por estar bajo el efecto de las drogas no se pudo controlar.
Este discurso está muy interiorizado, pero debemos aprender a verlo desde otra posición, y por ello es importante realizar acciones preventivas y cambiar la mentalidad.
Muchas de las campañas preventivas desarrolladas hasta el momento van dirigidas a las chicas jóvenes, para que se controlen y limiten sus comportamientos. Pocas experiencias van destinadas a los chicos para que incorporen a sus formas de ‘flirteo’ una postura ética y no sexista, y esto debe cambiar.

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